Durante varios años, los científicos han estado tratando de entender los mecanismos de cómo el cuerpo experimenta el dolor, así como los nervios que participan en el envío de esos mensajes al cerebro.

La neuropatía, en la que el sistema nervioso periférico no funciona bien, puede ser una condición muy dolorosa pues el sistema envía mensajes equivocados y la persona puede sentir dolor cuando no hay estímulo.

Pero científicos de la Universidad de Gotemburgo en Suecia y de la Universidad de Carolina del Norte en Estados Unidos, querían entender la reacción contraria: el placer.

El equipo de científicos dirigido por Hakan Olausson ha publicado el estudio en la revista Nature Neuroscience, y podría ayudar a explicar cómo el tacto (la caricia) mantiene las relaciones humanas.

Esta investigación registró las reacciones nerviosas de 20 personas, en las que se examinaron cómo las personas respondían a caricias sobre la piel del antebrazo a diferentes velocidades.

Con un estimulador táctil robótico, que desplaza un pincel sobre el antebrazo del sujeto con una velocidad y una fuerza que se pueden variar, los investigadores han comprobado que son los mecanorreceptores del tipo táctil-C, entre todos los presentes en la piel, los encargados de responder a los estímulos lentos y ligeros. Se han medido directamente las veces que se disparaban estas terminaciones nerviosas libres y la intensidad de las señales mandadas al cerebro.

La velocidad a que se realizan las caricias ha resultado ser crucial para que se puedan considerar como tales. Según los voluntarios participantes en el experimento, los receptores mandan señales de placer al cerebro cuando la velocidad de la caricia oscila entre 1 y 10 centímetros por segundo. Si la velocidad es menor o mayor o no se produce esta sensación placentera o no se activan estas fibras nerviosas.

La mayor activación del receptor, que se corresponde con la mayor sensación de placer, se produce a la velocidad de 1, 3 y 10 centímetros por segundo.