Como habíamos prometido la semana pasada en nuestro artículo Evolución de las Ideas Económicas, esta semana estamos tratando la Gran Depresión, llamada también la Crisis de 1929.
La Gran Depresión fue una crisis económica mundial iniciada en octubre de 1929, y que se prolongó durante toda la década de 1930, siendo particularmente intensa hasta 1934.
El 29 de octubre de 1929 el mundo vivió el “martes negro” en la bolsa de valores de Nueva York, cuando las acciones se desplomaron y se inició un largo período de crisis económica que los economistas recuerdan como la era de la depresión económica. Fue tan difícil y profunda que los precios de las acciones del índice Dow Jones solo volvieron a los niveles anteriores al crash en 1954.
La recuperación de los precios de las acciones se tardó nada menos que 25 años. Recordar esa crisis no deja de provocar un frío en todo el cuerpo de solo pensar en la posibilidad de que estemos entrando en un período similar de crisis económica.
Es muy recordada la anécdota de Joseph P. Kennedy, el padre del clan de los Kennedy. Un día, poco después del desplome del 29 de octubre de 1929, Kennedy iba a una cita con su corredor de bolsa JP Morgan. En el camino se detuvo para lustrarse sus zapatos y le preguntó al muchacho lustrabotas sobre las noticias del día. El muchacho le dijo que había que invertir en un par de empresas productoras de acero. Kennedy fue después a su cita con el corredor de bolsa y liquidó todas sus inversiones. “Cuando el lustrabotas te empieza a dar ideas de inversión en acciones es el momento de salirse”, le dijo Kennedy a su esposa esa misma noche. Esto es una muestra de que se vivía una gran euforia bursátil que terminó de forma trágica aquel martes 29 de octubre.
Existen ciertas similitudes entre la crisis actual y la de los años 30, pero también hay grandes diferencias. Entre las similitudes está que el crash del 29 fue el fin de otra gran burbuja. Estados Unidos había tenido en la década de los años 20 un período de industrialización y expansión económica y el mercado bursátil se había desarrollado hasta el nivel en que las familias comunes y corrientes invertían en acciones y había proliferado la modalidad de invertir con fuerte apalancamiento o deuda. Es decir, la gente compraba acciones con dinero prestado de los bancos y aquello llegó a niveles inmanejables para la época a tal punto que la caída de las acciones se llevó a muchos por delante incluidos muchos bancos.
Felizmente también hay muchas diferencias. En 1929, ni el gobierno de Estados Unidos, ni las autoridades económicas hicieron nada, manteniéndose al margen de la crisis. Con el paso de los años, la recuperación se produjo gracias al gasto público del gobierno y al impulso industrial que generó la Segunda Guerra Mundial, pero en 1929, las autoridades económicas no hicieron nada.
En esta ocasión es diferente. Todos los gobiernos han decidido unir esfuerzos para mitigar la recesión y asegurar que el sistema financiero siga funcionando.
Esa participación infunde alguna tranquilidad, pero no evita del todo que el mundo atraviese una crisis de enormes proporciones. Y sobre el comportamiento del mercado de acciones no se puede predecir nada (ver: Una explicación de la crisis en los mercados bursátiles), los mercados de acciones globales son como el clima: la lluvia va a cesar y el sol en algún momento tendrá que volver a brillar…






