El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, no tiene reparos en reconocer que las autoridades políticas -incluido él- suelen exagerar los riesgos que se ciernen sobre la economía para evitar que esas amenazas se materialicen. Pero los peligros están ahí: la crisis financiera que estalló hace casi dos años mutó en crisis económica y, de la mano del desempleo, puede convertirse en una “grave crisis humana y social” de consecuencias políticas imprevisibles.

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